
Semaglutida y tirzepatida comparten el receptor de GLP-1; la tirzepatida activa además el de GIP. Esta página compara mecanismos, indicaciones, dosis, eficacia y seguridad, y explica cómo se elige entre las dos.
La semaglutida y la tirzepatida son dos tratamientos médicos para el peso autorizados en España. Comparten el mecanismo de activar el receptor de GLP-1; la tirzepatida activa además el receptor de GIP. En el único ensayo que las ha comparado de forma directa, la tirzepatida logró más pérdida de peso media en obesidad sin diabetes, aunque la respuesta individual varía mucho. La elección entre una y otra la toma tu médico contigo en la evaluación clínica.
En esta página: cómo funcionan, indicaciones, dosis, eficacia, seguridad y cómo se elige entre ellas.
La semaglutida es un agonista del receptor de GLP-1, es decir, una molécula que imita a una hormona intestinal que tu cuerpo libera de forma natural al comer. La tirzepatida va un paso más allá, porque es un agonista dual: activa los receptores de GLP-1 y de GIP, otra hormona intestinal con efectos sobre la saciedad y la regulación de la glucosa. Las dos se administran como inyección subcutánea semanal mediante pluma precargada, así que desde el punto de vista práctico la experiencia de la inyección es muy parecida.
Semaglutida es el principio activo conocido comercialmente como Ozempic® (en diabetes tipo 2) y Wegovy® (en obesidad). Tirzepatida es el principio activo conocido comercialmente como Mounjaro® (en diabetes tipo 2 y, desde 2023 en Europa, en obesidad) y, en otros mercados como Estados Unidos, también como Zepbound® (en obesidad). A partir de este punto la página utiliza los principios activos, semaglutida y tirzepatida.
Las dos están autorizadas por la Agencia Europea del Medicamento: la semaglutida está disponible en España desde 2018 (en diabetes) y desde 2022 (en obesidad), y la tirzepatida desde 2022 (en diabetes) y desde 2023 (en obesidad).
La diferencia mecanística entre los dos fármacos está en el receptor de GIP (polipéptido insulinotrópico dependiente de glucosa). La semaglutida activa un solo receptor (el de GLP-1); la tirzepatida activa los dos: GLP-1 y GIP. Esa es la diferencia que más se discute en la literatura científica reciente y la que conviene entender para situar todo lo que viene después.
¿Por qué importa esa segunda vía? El GIP, igual que el GLP-1, es una hormona que tu intestino libera al comer, y activar también su receptor parece amplificar el efecto sobre la saciedad y mejorar la sensibilidad a la insulina, por mecanismos que la investigación todavía está caracterizando con detalle. Lo que se ve en los estudios disponibles, de forma consistente, es que la tirzepatida produce una pérdida de peso media mayor que la semaglutida cuando ambas se comparan a sus dosis máximas autorizadas.
Conviene ser honestos con lo que la ciencia todavía no resuelve. No se sabe con certeza si la ventaja de la tirzepatida se debe enteramente al efecto GIP o también a diferencias farmacocinéticas (cómo se mueve el fármaco por el cuerpo y cuánto tarda en aclararse), y no se conoce todavía si la diferencia se mantiene a muy largo plazo ni si afecta de la misma forma a todos los perfiles de paciente. Es información útil pero incompleta, y eso pesa en cómo tu médico la usa.
| Indicación | Semaglutida | Tirzepatida |
|---|---|---|
| Obesidad (IMC ≥30) | Sí | Sí |
| Sobrepeso (IMC ≥27) con comorbilidad | Sí | Sí |
| Diabetes tipo 2 | Sí | Sí |
| Reducción del riesgo cardiovascular en obesidad sin diabetes | Sí (2024) | Indicación en evaluación |
| Reducción del riesgo de progresión de enfermedad renal en diabetes tipo 2 | Sí (2024) | No autorizada |
| Apnea obstructiva del sueño moderada o severa en obesidad | No autorizada | Sí (2024) |
Las dos moléculas están autorizadas para obesidad y sobrepeso con comorbilidad en condiciones similares, pero las indicaciones específicas adicionales son distintas y pueden importar bastante en perfiles concretos. La semaglutida tiene autorización específica para reducción del riesgo cardiovascular en obesidad sin diabetes (tras el ensayo SELECT) y para enfermedad renal crónica en diabetes tipo 2 (tras FLOW); la tirzepatida tiene autorización específica para apnea obstructiva del sueño moderada o severa en obesidad (tras SURMOUNT-OSA). Estas diferencias son uno de los factores que tu médico mira a la hora de elegir entre las dos en un caso concreto.
Ninguna de las dos está financiada por el sistema público de salud español en la indicación de obesidad, por lo que el acceso en ese contexto es por prescripción privada.
Las dos moléculas se administran una vez por semana, mediante inyección subcutánea con pluma precargada, y las dos escalan la dosis a lo largo de meses para que tu cuerpo se adapte progresivamente al tratamiento. Las pautas concretas son distintas:
Semaglutida (obesidad): 0,25 → 0,5 → 1,0 → 1,7 → 2,4 mg semanal, subiendo cada cuatro semanas.
Tirzepatida (obesidad): 2,5 → 5 → 7,5 → 10 → 12,5 → 15 mg semanal, también subiendo cada cuatro semanas. La dosis máxima autorizada es 15 mg, aunque muchas personas se quedan en 5, 10 o 12,5 mg cuando la respuesta es buena y no hay necesidad clínica de subir más.
En los dos casos la escalada es deliberadamente lenta, por una razón concreta y bien establecida: los efectos secundarios digestivos son más probables al subir la dosis, y subir despacio es la forma de mantener el tratamiento sin que la persona lo abandone en las primeras semanas. Tu médico decide cuándo subir, cuándo pausar la escalada y cuándo quedarse en una dosis intermedia, mirando la respuesta y la tolerabilidad individuales.
Durante varios años la comparación entre semaglutida y tirzepatida fue, necesariamente, una comparación indirecta: dos programas de ensayos (STEP y SURMOUNT) que evaluaron cada molécula por separado, en poblaciones parecidas pero no idénticas, con dosis y protocolos distintos. En 2025 se publicó el primer ensayo aleatorizado que las compara directamente, SURMOUNT-5, realizado en personas con obesidad sin diabetes, y por primera vez la comparación pasó de inferida a directa.
En SURMOUNT-5, a 72 semanas, la tirzepatida (a su dosis máxima) produjo una pérdida de peso media del 20,2% frente al 13,7% de la semaglutida 2,4 mg en la misma población. El resultado es coherente con lo que la comparación indirecta entre los programas STEP y SURMOUNT venía sugiriendo desde hacía tiempo, y refuerza la diferencia mecanística que se discutía en la sección anterior.
Importa, sin embargo, mirar el matiz. SURMOUNT-5 es un ensayo en obesidad sin diabetes, con un protocolo concreto, dosis máximas en ambas ramas y un seguimiento de 72 semanas: la diferencia media a nivel de grupo no es la diferencia que va a notar cada persona individualmente, y hay personas que pierden más peso con semaglutida que la media con tirzepatida y viceversa. La respuesta individual sigue variando mucho.
Más allá del peso, las dos moléculas tienen señales cardiometabólicas relevantes que conviene situar. La semaglutida en SELECT mostró una reducción de eventos cardiovasculares mayores en personas con obesidad sin diabetes; la tirzepatida en SURMOUNT-OSA mostró una mejora en la apnea obstructiva del sueño moderada o severa en obesidad. La Guía GIRO de la SEEDO (2024) sitúa los fármacos basados en incretinas (tanto los agonistas del receptor de GLP-1 como los agonistas duales GIP/GLP-1) como la opción farmacológica preferente frente al orlistat en el tratamiento médico de la obesidad, siempre junto a los cambios de estilo de vida.
A pesar de los datos disponibles, la respuesta individual varía mucho, y un mismo tratamiento puede dar resultados muy distintos en dos personas con perfiles parecidos. Por eso tu médico revisa la evolución durante los primeros meses y ajusta o cambia el plan si la respuesta es claramente insuficiente o si la tolerabilidad lo aconseja.
El perfil de efectos secundarios de las dos moléculas es muy parecido, y los más frecuentes son digestivos: náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento, dolor abdominal. Aparecen sobre todo en las primeras semanas y al subir la dosis, y la mayoría de las personas mejoran al cabo de un mes o dos a medida que el cuerpo se adapta.
En los ensayos, la incidencia de efectos digestivos a dosis máxima parece ligeramente mayor con tirzepatida que con semaglutida, aunque la diferencia depende mucho del estudio y de la dosis comparada, por lo que conviene no convertirla en una conclusión categórica. Subir la dosis despacio reduce los efectos digestivos en las dos moléculas, y los antecedentes de tolerabilidad pesan en cómo tu médico decide cuál usar.
Las dos comparten el grueso de las contraindicaciones: embarazo o planificación de embarazo, antecedentes personales o familiares de carcinoma medular de tiroides o MEN-2, pancreatitis aguda previa e hipersensibilidad conocida. Los criterios completos los aplica tu médico en la evaluación clínica.
Cuándo consultar urgentemente (común a ambas):
La decisión clínica entre semaglutida y tirzepatida no se reduce a “cuál pierde más peso”, y por eso tu médico no la trata como una elección binaria. Hay varios factores que pesan en la valoración, y conviene conocerlos para entender la conversación que se va a tener en la evaluación clínica.
El perfil de comorbilidades es uno de los más decisivos: si hay enfermedad cardiovascular establecida y obesidad sin diabetes, la semaglutida tiene una indicación específica de reducción del riesgo cardiovascular que pesa en la elección; si hay apnea obstructiva del sueño moderada o severa con obesidad, la tirzepatida tiene una indicación específica que también pesa; y si hay enfermedad renal crónica en diabetes tipo 2, la semaglutida tiene datos en FLOW que la inclinan en ese contexto. Es decir, el “extra” que cada molécula aporta más allá del peso puede ser el que decida.
Los antecedentes de tolerabilidad también pesan, porque si has tenido en el pasado mucha intolerancia digestiva a un GLP-1, eso influye no solo en la elección de molécula sino también en la dosis inicial y en la velocidad de escalada.
La respuesta inicial se vuelve un factor real a los tres o seis meses de tratamiento. Si la respuesta a una molécula es claramente insuficiente o si la tolerabilidad sigue siendo mala pese a los ajustes, tu médico puede plantear el cambio a la otra. El cambio entre GLP-1 y agonista dual GIP/GLP-1 es una decisión clínica que se planifica, con dosis inicial cuidada y vigilancia de la tolerabilidad, no algo que se improvisa.
Y por último, el acceso y suministro importa más de lo que parece. En España, igual que en el resto de Europa, ha habido episodios de suministro irregular en distintos momentos para una y otra molécula, y la disponibilidad real en farmacia en un momento dado puede influir en la elección práctica si la otra opción es clínicamente viable.
La elección entre semaglutida y tirzepatida no es, por tanto, una decisión que el paciente toma en internet ni que se resuelva con una tabla de pros y contras. La toma tu médico contigo, en la evaluación clínica, con tus antecedentes en la mano y mirando el conjunto.
En el único ensayo aleatorizado que las ha comparado directamente, SURMOUNT-5 (2025), la tirzepatida 15 mg produjo una pérdida de peso media mayor que la semaglutida 2,4 mg en obesidad sin diabetes, a 72 semanas. “Mejor en pérdida de peso media en una población concreta” no es lo mismo que “mejor para cualquier persona”, y por eso la elección clínica depende del perfil individual, las comorbilidades, los antecedentes y la respuesta. Tu médico valora todo eso en la evaluación clínica, no solo el resultado promedio del ensayo.
Sí, el cambio entre las dos moléculas es posible y es una decisión clínica que se planifica. Tu médico decide cuándo y cómo: a qué dosis se empieza con la nueva molécula (no se mantiene la dosis equivalente, porque la equivalencia no es directa), cuánto tiempo se deja entre la última inyección de una y la primera de otra, y cómo se monitoriza la tolerabilidad inicial. Cambiar de molécula no es algo que el paciente decida y haga por su cuenta, porque hacerlo mal puede resultar en una respuesta peor o en efectos secundarios innecesarios.
El perfil de efectos secundarios es muy parecido entre las dos moléculas, predominantemente digestivo. En los ensayos, la incidencia de efectos digestivos a dosis máxima parece ligeramente mayor con tirzepatida que con semaglutida, aunque la diferencia depende de la dosis comparada y del estudio. Subir la dosis despacio reduce los efectos digestivos en las dos, y si has tenido mucha intolerancia con una de las dos, ese antecedente pesa de forma clara en la elección.
En grupos, la tirzepatida 15 mg ha mostrado una pérdida de peso media mayor que la semaglutida 2,4 mg en el ensayo SURMOUNT-5. Individualmente, sin embargo, la respuesta varía mucho: algunas personas responden mucho mejor a una que a otra y al revés. La pregunta “cuál pierde más peso” tiene una respuesta poblacional y una respuesta individual, y son distintas. La respuesta que importa a la hora de elegir es la individual, y solo se conoce con los primeros meses de seguimiento.
La elección es clínica. Tu médico valora tu situación, tus antecedentes, las indicaciones autorizadas para tu caso, el perfil de comorbilidades, los antecedentes de tolerabilidad y el acceso real en farmacia, y propone la opción más adecuada para tu perfil. Tu opinión y tus preferencias forman parte de la conversación, claro, pero la indicación final es médica, porque la responsabilidad clínica de la prescripción recae en el profesional que la firma.
No, el precio es distinto y depende de la presentación (concentración de la pluma) y de la indicación bajo la que se prescriben. Ninguna de las dos está financiada por el sistema público de salud en la indicación de obesidad, por lo que el coste íntegro lo asume el paciente en ese contexto. El precio de venta al público lo publica AEMPS en CIMA y conviene verificarlo en el momento de la prescripción, porque puede cambiar.
Fuentes médicas
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