
Entre un 15 % y un 20 % de media, según el fármaco y la dosis.
En los grandes ensayos clínicos, la semaglutida logró una pérdida media de peso de cerca del 15 % a las 68 semanas, y la tirzepatida de hasta el 20 % a las 72 semanas. Son medias: hay quien pierde bastante más y quien pierde menos. El resultado depende del fármaco, de la dosis alcanzada, de la constancia y de los hábitos que acompañan al tratamiento.
En esta página: qué dicen los ensayos, cuánta gente alcanza cada umbral, qué hace variar la respuesta y qué se puede esperar de forma realista. La evaluación clínica inicial es gratuita.
Con semaglutida, el ensayo STEP-1 (1.961 adultos con sobrepeso u obesidad) registró una pérdida media del 14,9 % a las 68 semanas, frente al 2,4 % del placebo.
Con tirzepatida, el ensayo SURMOUNT-1 (2.539 adultos con obesidad) mostró pérdidas medias del 15,0 %, 19,5 % y 20,9 % con las dosis de 5, 10 y 15 mg a las 72 semanas, frente al 3,1 % del placebo. En la única comparación directa entre ambos fármacos, SURMOUNT-5, la tirzepatida superó a la semaglutida (20,2 % frente a 13,7 % a las 72 semanas).
Para situar estas cifras: los autores de SURMOUNT-1 calificaron el resultado de «an unusually substantial degree of weight reduction» (un grado de reducción de peso inusualmente alto) en comparación con los tratamientos previos contra la obesidad.
Las medias esconden mucha variación entre personas. Lo más útil clínicamente es cuánta gente cruza ciertos umbrales de pérdida de peso, porque a partir de un 5 % a 10 % ya aparecen beneficios para la salud.
En SURMOUNT-5, una parte importante de quienes tomaron tirzepatida alcanzó pérdidas del 10 %, 15 % y hasta el 25 %, y casi uno de cada cinco superó el 30 %. La lectura honesta es doble: la mayoría de las personas obtienen una pérdida clínicamente relevante, pero una minoría responde poco. Por eso el seguimiento sirve para revisar la respuesta y ajustar el plan.

Cuatro factores explican buena parte de las diferencias. El fármaco y la dosis alcanzada marcan el techo del efecto. La constancia importa: saltarse dosis o abandonar pronto reduce el resultado. Los hábitos que acompañan (alimentación, actividad física, sueño, fuerza muscular) suman al efecto del fármaco. Y existe una variabilidad biológica individual que todavía no se predice del todo antes de empezar.
Hay una quinta variable: el tiempo. La pérdida de peso no es lineal; suele construirse a lo largo de meses y, en algún punto, llega a una meseta que forma parte del proceso normal.
Un objetivo clínico razonable es perder y mantener entre un 5 % y un 15 % del peso, con beneficios sobre la glucosa, la presión arterial y los lípidos antes incluso de alcanzar el peso "ideal". Las cifras del 20 % o más existen, pero no son la norma ni el listón con el que medir el éxito.
También conviene saber que el peso perdido se mantiene mientras se mantiene el tratamiento y los hábitos. Qué objetivo es adecuado para ti, y cómo llegar a él, es algo que define tu médico según tu historia clínica.
Están llegando opciones por vía oral. El orforglipron, un agonista de GLP-1 en comprimido diario, logró en el ensayo de fase 3 ATTAIN-1 una pérdida media de cerca del 12 % a las 72 semanas con la dosis más alta, y más de la mitad de los participantes perdió al menos un 10 %. Es algo menos que los inyectables actuales, pero sin agujas. Su disponibilidad dependerá de las autorizaciones regulatorias.
El primer mes suele notarse menos apetito más que una gran bajada en la báscula, en parte porque la dosis aún es baja durante la fase de subida. La pérdida significativa se construye a lo largo de varios meses.
La respuesta es individual y depende de la dosis alcanzada, la constancia, los hábitos y la biología de cada persona. Una respuesta más lenta no significa que el tratamiento no esté funcionando; tu médico valora si conviene ajustar la dosis.
Es habitual recuperar parte del peso al suspenderlo, porque la obesidad es una enfermedad crónica. Mantener los resultados se trabaja con tu médico, igual que en cualquier otra condición crónica.
Sí. La actividad física, y en especial el trabajo de fuerza, ayuda a conservar masa muscular y a sostener la pérdida de peso a largo plazo.
No. Una pérdida del 5 % al 10 % ya mejora la glucosa, la presión arterial y otros marcadores de riesgo. El beneficio para la salud empieza mucho antes del peso "ideal".
Fuentes médicas
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